En el mes de noviembre vivimos uno de los momentos más trascendentales para nuestra casa espiritual: la Convención Anual de Intercesores CIMA 2025 – “A Conquistar”, un tiempo apartado para afirmar nuestro llamado, fortalecer nuestras estrategias espirituales y renovar nuestra pasión por la extensión del Reino de Dios.
Intercesores de las diferentes ciudades y municipios donde hace presencia la Misión Amor y Fe viajaron junto a sus pastores con un mismo anhelo: ser equipados, alineados y activados para este nuevo tiempo. No fue simplemente un evento en la agenda ministerial; fue una cita divina que marcó dirección y propósito para toda una generación que entiende que la oración no es una opción, sino una responsabilidad espiritual.
Desde el primer momento, el ambiente estuvo cargado de expectativa. La apertura profética —una puesta en escena que integró danza, teatro y alabanza— no solo fue un acto artístico, sino una declaración espiritual. Cada movimiento y cada sonido anunciaban que entrábamos en un tiempo de conquista. Fue un inicio que preparó el corazón de los asistentes para lo que Dios quería impartir durante el fin de semana.
Tuvimos el privilegio de recibir al Profeta Myles Kilby (EE. UU.), quien compartió una palabra clara, confrontadora y llena de fuego. Su mensaje desafió a los intercesores a levantarse con autoridad, entendiendo su identidad y el peso espiritual que cargan en el avance del Reino. Fue un llamado a dejar la pasividad, a asumir la posición en los lugares celestiales y a pelear las batallas correctas con las armas correctas.
Durante cada jornada hubo tiempos profundos de enseñanza, ministración e impartición. Se compartieron estrategias de oración y principios de guerra espiritual aplicados a la expansión del Reino de Dios en nuestras ciudades, familias y generaciones. No se trató solo de teoría, sino de activación práctica: aprender a discernir los tiempos, a orar con dirección profética y a sostener procesos espirituales con perseverancia.
Muchos intercesores fueron renovados, otros sanados, otros afirmados en su llamado. Hubo lágrimas de rendición, abrazos de reconciliación y momentos donde la presencia de Dios se hizo tangible. Fue evidente que el Señor estaba fortaleciendo las bases espirituales de nuestra misión para lo que viene.
El lema “A Conquistar” no fue solo una frase inspiradora; se convirtió en una declaración profética sobre el próximo año. Conquistar territorios espirituales, conquistar corazones para Cristo, conquistar áreas donde antes hubo resistencia. Conquistar primero en oración para luego ver manifestación en lo visible.
Esta convención dejó claro que el crecimiento de la iglesia no depende únicamente de estrategias humanas, sino de una iglesia que ora, que intercede y que entiende la autoridad que le ha sido delegada. Cada intercesor regresó a su ciudad con una asignación renovada y una visión más clara de su papel dentro del cuerpo de Cristo.
Hoy podemos decir con certeza que CIMA 2025 marcó un antes y un después. No fue solo una reunión multitudinaria; fue un punto de inflexión espiritual para la Misión Amor y Fe. Creemos que los frutos de lo sembrado en esos días se verán reflejados en avivamiento, expansión y consolidación en cada territorio.
Damos toda la gloria a nuestro Dios Todopoderoso por lo que hizo, por lo que está haciendo y por lo que hará a través de una generación de intercesores que decidió levantarse… ¡A Conquistar!







